La tierra de los elfos de la luz
También conocido como Alfheimr.
En la arquitectura del universo nórdico, los Nueve Mundos se ramificaban desde las raíces del Yggdrasil como ramas de un árbol cósmico, cada uno con su naturaleza y sus habitantes particulares. Alfheim era el reino de los elfos luminosos, los Ljosalfar, seres de luz que personificaban la belleza y la gracia que los nórdicos veían brillar en el firmamento y en el destello del sol sobre el agua.
Estos elfos no eran los pequeños seres alados que popularizarían otros cuentos siglos después. Los elfos nórdicos eran divinidades menores pero poderosas, seres mágicos que representaban aspectos del mundo natural: la luz, el aire, la armonía. Alfheim era su hogar, un lugar donde la luminosidad era constante, donde la alegría y la diversión eran la tónica natural de la existencia.
Freyr, el dios de la paz y la prosperidad, gobernaba sobre Alfheim. Es significativo que uno de los dioses más benevolentes del panteón nórdico reinara sobre el reino de los elfos de la luz, sugeridore de que en la mitología nórdica había espacio para la belleza y la armonía, no sólo para las batallas y las tempestades.