Dios guerrero antiguo
También conocido como Paricaca.
Pariacaca es un dios héroe de la mitología huarochirí, una deidad documentada en el célebre Manuscrito de Huarochir que preserva los relatos mitológicos de los pueblos andinos occidentales que vivieron bajo el dominio inca. Su nacimiento mismo fue extraordinario: Pariacaca no nació de la forma ordinaria sino que surgió de cinco huevos depositados en la cima de una montaña sagrada. Este nacimiento múltiple lo marcó de manera única: fue un dios quíntuple, cinco identidades unidas en una sola voluntad, un ser que contenía una multiplicidad que lo hacía, en cierto sentido, incomparable a otros dioses.
La existencia de Pariacaca estuvo dominada por un conflicto perpetuo: una pugna casi interminable contra Huallallo, el dios del fuego volcánico. Donde Huallallo represéntaba el caos del fuego descontrolado, la depredación, la devoración de víctimas, Pariacaca encarnaba el agua, la moderación, el poder que templa y controla. Ambos dioses se enfrentaban en batallas cósmicas donde la lluvia se oponía al fuego, donde la inundación se enfrentaba a la erupción volcánica. El registro mitológico de estos enfrentamientos es turbulento: menciona el choque de chispas, el vapor que brota cuando agua y fuego se encuentran, la niebla que surge de la colisión de elementos opuestos.
Pariacaca poseía la capacidad de transformarse, de adoptar formas distintas para su lucha. Una de sus manifestaciones favoritas era la del halcón, un ave de presa cuyas garras se mueven con velocidad letal. En esta forma podía atacar desde el cielo, evitando los peligros que el fuego terrestre le impondría. Algunos relatos sugieren una crueldad excesiva: en su intento de destruir a Huallallo, Pariacaca devastó un pueblo entero, eliminó a sus habitantes sin piedad. Sin embargo, una muchacha tuvo el ingenio de ofrecerle una bebida refrescante, un acto de hospitalidad que lo apaciguó y le permitió perdonar. La leyenda sugiere que incluso un dios guerrero puede ser conmovido por un gesto de cortesía, que la clemencia tiene poder incluso sobre las fuerzas cósmicas.