La bendita nada final de Zilch
Nirvana es el objetivo supremo del budismo, el estado final de la existencia donde la ilusión se disuelve completamente y el ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento cesa. Su nombre literal en sánscrito significa «extinción» o «soplar fuera», como si se apagara una llama. Este concepto es el corazón de toda la práctica budista, el norte magnético hacia el cual apuntan todas las enseñanzas y todas las meditaciones.
No debe confundirse con la muerte física. Nirvana es un estado de consciencia alcanzable incluso mientras se vive, aunque su plenitud completa llega tras la muerte de quien lo ha alcanzado. El Buda Gautama alcanzó Nirvana bajo el árbol Bodhi mientras aún vivía, pero no fue hasta su muerte física que entró en el Nirvana Parinirvana, la extinción completa sin reservas de existencia.
La experiencia de Nirvana es descrita de maneras contradictorias por los textos antiguos. Algunos lo llaman estado de la más pura nada, el vacío absoluto de cualquier contenido mental. Otros lo describen como la presencia de infinita dicha sin objeto, la felicidad sin causa que la genere. Estas aparentes contradicciones quizá demuestran que Nirvana trasciende las categorías ordinarias del pensamiento: no es ni esto ni aquello, sino la superación de ambos.
Lo que todos los textos acuerdan es que Nirvana significa el fin del sufrimiento. El sufrimiento existe porque los seres creen que son entidades separadas, permanentes, reales en sí mismas. Cuando finalmente se comprende que esa creencia es ilusión, cuando la visión penetrante revela la naturaleza vacía de la identidad personal, el sufrimiento que se basaba en esa ilusión se desmorona. Lo que queda es paz tan profunda que ningún lenguaje ordinario puede describirla adecuadamente.