Guardián del Norte y Dios de los productos blancos
También conocido como Wabosso.
Wabasso es un dios algonquino de origen septentrional, hermano menor de Chakekenapok y Manabozho, otros personajes importantes en la mitología de los pueblos algonquinos del noreste de América del Norte. A diferencia de sus hermanos, Wabasso decidió emprender un viaje de una ambición casi incomparable: ascender hacia el norte para tocar el sol blanco, esa entidad divina que domina el cielo boreal.
Antes de partir hacia territorios desconocidos y peligrosos, Wabasso se preparó con cuidado pragmático. No confió en la improvisación ni en la fortuna ciega. Adquirió un mapa para orientarse en el vasto territorio ártico, se dotó de ropa interior térmica para resistir los fríos extremos de la región polar, e ingeniosamente se transformó en un conejo blanco. Esta última metamorfosis no era meramente estratégica sino simbólica: el conejo, con su pelaje blanco en invierno, es una criatura perfectamente adaptada al norte nevado. Al asumir esta forma, Wabasso se volvía parte del ecosistema boreal en lugar de un intruso vulnerable.
El viaje de Wabasso culminó en un encuentro extraordinario: conoció a los Grandes Espíritus Mágicos que gobiernan el norte. Estos seres sobrenaturales reconocieron su determinación y su valentía, y decidieron educarlo en los misterios de la medicina y la curación. Sin embargo, Wabasso, en una decisión generosa pero también reveladora, no decidió quedarse como un doctor mágico del norte. En cambio, transmitió todo el conocimiento que había adquirido a su hermano Manabozho, permitiendo que ese aprendizaje beneficiara a toda la humanidad algonquina. Tras este acto de filantropía divina, Wabasso se estableció como el Guardián del Norte, el Hacedor del Blanco, responsable de asegurar que los vientos del norte traigan nieve pura y no una mezcla contaminada de colores. En las mitologías algonquinas, la pureza del color blanco asociado con Wabasso y el norte representa limpieza, claridad y renovación.