Dios egipcio de los muertos y señor perro de las envolturas de las momias
También conocido como Anpu, Ienpw, Imeut, Inpu, Lenpw, Yinepu.
Anubis es el dios de los muertos y el señor de los cementerios, pero no es un dios de la destrucción, sino del paso ordenado hacia la otra vida. Los antiguos egipcios lo representaban con cabeza de chacal, ese animal nocturno que merodeaba por los lugares sepultados, y así lo hicieron suyo: no era un monstruo, sino un guardián. Durante milenios fue el más importante en los asuntos del inframundo, sin que ningún otro dios le hiciera sombra en ese aspecto.
Las fuentes antiguas discrepan sobre sus orígenes, como ocurre con muchos dioses. Algunos dicen que es hijo de Osiris e Isis, otros que nació del emparejamiento primordial de Ra y Neftis. Hay quienes lo atribuyen incluso a Bast como madre. Lo que sí es seguro es que Anubis fue el primero en reclamar el dominio sobre los muertos, dominando ese terreno sombrío hasta que Osiris, tras su propia muerte, compartió y luego asumió parte de ese poder.
En el Inframundo, Anubis presidía el juicio de las almas. Se le imaginaba de pie ante una balanza especial: en un platillo se ponía el corazón del difunto, en el otro la pluma de la verdad y la justicia encarnada en la diosa Maat. Si el corazón era pesado por el peso del pecado y la mala conducta, era entregado a Ammit, la devoradora, y el alma se perdía para siempre. Pero si la vida había sido honesta y recta, el alma seguía su camino hacia la eternidad bendita junto a Osiris.
La devoción a Anubis fue profunda en Egipto. No era una deidad menor ni accesoria, sino fundamental. En los templos se le veneraba con solemne respeto, y los sacerdotes que embalsamaban a los muertos se llamaban a sí mismos « los profetas de Anubis ». Su culto se extendió durante tres mil años, desde los tiempos más antiguos hasta bien entrada la época greco-romana, cuando otros dioses perdieron importancia pero él seguía presidiendo el dominio de los muertos con la misma autoridad que al principio.