El hijo de Hermes, que lo bendijo con una memoria asombrosa
Aethalides es el heraldo de los Argonautas, ese grupo de héroes que navegó en el Argo en busca del Vellocino de Oro. Lo que lo hace verdaderamente extraordinario es un don que recibió de su padre Hermes: la memoria absoluta y perfecta, incluso después de la muerte. Mientras que los mortales ordinarios pasan por la existencia olvidando la mayor parte de sus vidas, Aethalides fue bendecido con el recuerdo total y eterno.
Este don lo llevó a descubrir algo que pocos mortales jamás alcanzarían: la evidencia de su propia reencarnación. Aethalides pudo rastrear su alma a través de múltiples cuerpos: fue Euphorbo, luego Hermotimo, después Pyrro, y finalmente Pitágoras. Con su memoria intacta, pudo recordar cada una de estas vidas como si fueran capítulos de un mismo libro. Los antiguos griegos, fascinados por la idea de la transmigración del alma, consideraban a Aethalides como una prueba viviente de este misterio.
Su legado es peculiar: es descrito como un mortal inmortal, alguien que, aunque no es técnicamente un dios, posee atributos divinos gracias a su don. La última información que tenemos sugiere que Aethalides aún podría existir en algún lugar, eternamente recordando, eternamente viajando a través de vidas. Es una figura que desafía las categorías simples: ni completamente humano, ni completamente divino, sino algo único en el panteón mitológico.