Madre del Minotauro
Pasífae fue reina de Creta y esposa del rey Minos, una posición de gran poder que no la protegió de los caprichos de los dioses. Era hija de Helios, el dios del sol, y de Perseida, una Oceánida. Este pedigree divino debería haberle otorgado cierta protección, pero en cambio resultó ser un accidente de nacimiento que la puso en el camino de la humillación.
La maldición de Pasífae fue la vendetta de Poseidón contra su marido Minos. Enamorado de una de sus amantes, Minos había negado a Poseidón acceso a ella. En represalia, el dios del mar hizo que Pasífae se enamorara de un toro cretense, una bestia sagrada que Minos se había negado a sacrificar. Bajo el hechizo, Pasífae no pudo resistir su pasión por el animal. Con la ayuda de Dédalo, el ingeniero supremo, se construyó un simulacro de vaca de madera que le permitió consumar su unión con el toro.
El resultado fue el Minotauro, una criatura que era mitad humana, mitad toro, una abominación que ella fue obligada a parir. Está vivo en ella, posiblemente amenazante, posiblemente incluso capaz de comerla. También tuvo una hija, Ariadna, que se enamoró de Teseo y lo ayudó a matar al Minotauro, lo que resultó en la muerte de su hermano monstruo.
La vida de Pasífae fue un carrusel de traumas divinos, cada uno peor que el anterior. Fue víctima de un castigo que no merecía, forzada a servir como instrumento de venganza de un dios, madre de un monstruo que ella nunca eligió llevar. Su historia es un testimonio de cómo las vendetas divinas pueden destruir a inocentes atrapados en sus líneas de fuego, cómo el poder de los dioses es tan absoluto que los humanos casi nunca pueden escapar de sus consecuencias.