Dios del viento del oeste
También conocido como Zephyros, Zephyrs.
Céfiro era el dios del viento del oeste, uno de los cuatro vientos primordiales que gobernaban los puntos cardinales. Era hijo de Eos, la diosa del amanecer, y de Astraeus, el titán del cielo y de los astros. Heredó de su madre la belleza radiante y de su padre el dominio sobre las fuerzas celestiales. A diferencia de Bóreas, el cruel viento del norte, Céfiro era gentil, suave y considerado. Su brisa era tibia y beneficiosa, agitando suavemente las flores y llevando aromas a través de los jardines griegos.
Céfiro fecundó con sus amoríos divinos a varias figuras legendarias. Con la harpía Aello engendró a los caballos sobrenaturales Balio y Xantho, esos corceles inmortales que posteriormente serían regalados a Aquiles para que los montara en la guerra de Troya. También engendró a los Aurai, las diosas menores del viento, y a los Céfiros, esas brisas ligeras y suaves que tomaban su nombre de él y eran bendición para navegantes y agricultores por igual.
Céfiro fue especialmente venerado por poetas y amantes, quienes veían en su viento suave la manifestación de la delicadeza y el romance. Las flores abiertas, las aguas tranquilas de las bahías, el movimiento gracioso de las telas: todo parecía tocado por su mano divina. Era el antítesis del caos violento, representando en cambio esa dulzura y elegancia que los griegos valoraban como virtudes divinas. Su culto era menos formal que el de otros dioses, menos templos y más celebración poética de su naturaleza benéfica.