Diosa de la Luna
Ka-Ata-Killa fue la antigua diosa de la luna que gobernaba sobre el Lago Titicaca durante la época preincaica, venerada por los pueblos aymara y tiwanaku que habitaban el altiplano andino. Su dominio se extendía sobre el agua sagrada del Titicaca y los cielos nocturnos, ejerciendo influencia sobre las mareas místicas y los ritmos lunares que marcaban el tiempo ritual. Sus seguidores la honraban en Tiwanaku, el centro ceremonial más importante de la región, donde se erigían santuarios en su honor.
Sin embargo, la expansión del imperio inca transformó la geografía religiosa del Titicaca. Cuando los incas llegaron a la región, llegaron con su propia deidad de la luna—Mama Quilla—esposa de Inti. Más dramáticamente, traían también a Copacati, diosa destructiva y territorial que rápidamente desafió el dominio de Ka-Ata-Killa sobre las aguas. Según la tradición, Copacati fue tan agresiva y destructora que muchos de los templos de Ka-Ata-Killa fueron derruidos, sus piedras hundidas en el fondo del lago sin rito funeral adecuado. Se dice que algunos de los seguidores de Ka-Ata-Killa fueron transformados en piedra, convirtiéndose en Huaca—lugares sagrados donde la diosa original aún residía, impotente pero presente.
La historia de Ka-Ata-Killa es, por tanto, la de una deidad desplazada, su autoridad fragmentada por la imposición imperial. Pero su presencia nunca fue completamente extinguida: en las rocas del Titicaca, en los espíritus del lugar, Ka-Ata-Killa permanecía, recordada aunque ya no adorada como antes.