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Dioses y Diosas

Anguta

Dios muerto inuit

Padrino esquimal de los muertos

Anguta es el dios inuit de los muertos, conocido también como « El Padre » en algunas tradiciones. Su papel es el de un transportador de almas, un psicopompo que guía los espíritus de los difuntos desde el mundo de los vivos hacia Adlivun, el inframundo helado que se extiende bajo la tierra y el océano Ártico. Es una figura solemne y necesaria en la cosmovisión inuit, sin la cual los muertos quedarían errantes en el mundo.

Cuando un inuit moría, se creía que Anguta acudía a llevarse su espíritu. Comenzaba entonces un viaje hacia el inframundo que requería descender a través de capas de hielo y oscuridad. En Adlivun, bajo el dominio de Sedna, el alma se sumergía en un estado de congelación. No era un castigo instantáneo ni un tormento eterno a la manera de otros infiernos: era un período de reposo y transformación. El difunto dormía durante un año, completamente inmovilizado por el hielo.

Tras este período de congelación, el alma era « descongelada », despojada de sus apegos terrenales y preparada para lo que viniera después: posiblemente una reencarnación en una nueva criatura, un regreso a la tierra en forma animal, o el ascenso al paraíso lunar dependiendo de su conducta en vida y de las intervenciones de los chamanes que oraban por su destino.

Anguta representa la inevitabilidad de la muerte en la mitología inuit, una fuerza impersonal pero no malévola. A diferencia de la Muerte en algunas tradiciones occidentales, no es un enemigo ni una amenaza, sino un agente del orden cósmico. Su existencia asegura que el mundo de los vivos se mantenga separado del de los muertos, permitiendo que los espíritus cumplan su ciclo de purificación y transformación dentro de los reinos subterráneos.

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