Un olmo primordial, convertido en el primer humano por Odín
Embla es una de las primeras dos criaturas humanas de la mitología nórdica, la primera mujer que existió en el mundo de Midgard. Su historia comienza no como historia de nacimiento, sino de transformación. Embla era originalmente un olmo, un árbol que crecía en las primeras tierras del mundo nuevo. Junto con Ask, un roble que representa el primer hombre, ella formaba parte del mundo vegetal: enraizada, inmóvil, sin consciencia.
Fue Odín quien intervino en su destino. Odín, junto con sus hermanos Vili y Ve, caminaba por las costas de Midgard cuando descubrieron estos dos árboles excepcionales. Los dioses creadores decidieron crear de ellos seres humanos. Transformaron el roble Ask en hombre y el olmo Embla en mujer. Pero la mera transformación física no era suficiente: necesitaban ser dotados de atributos que los hicieran verdaderamente vivos. Odín les otorgó el espíritu y la vida, Vili les concedió la comprensión y los sentimientos, y Ve les regaló los sentidos y la belleza.
Embla, así dotada, se convirtió en la madre de toda la humanidad. De ella descienden todas las mujeres que poblaron el mundo nórdico, todos los seres mortales que habitan Midgard. Su naturaleza como olmo sugiere ciertas cualidades: la flexibilidad del árbol, su capacidad de adaptarse al viento, su resistencia. Los olmos crecen a menudo en lugares húmedos, cerca del agua, lo que asociaba a Embla con la fertilidad y el flujo de la vida.
La historia de Embla y Ask es la cosmología nórdica explicando el origen de la humanidad. No somos creaturas moldeadas de barro, sino transformaciones de la naturaleza que hemos alcanzado consciencia. Llevamos en nosotros la sustancia del árbol primordial, y ello nos hace parte del mundo natural de una manera que ninguna otra mitología describe tan vívidamente.