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Dioses y Diosas

Eitumatupua

Dios del cielo de Tonga

Dios del cielo

Eitumatupua es el dios del Cielo tonguense, un poder celestial que ocasionalmente descendía a la Tierra para inmiscuirse en los asuntos de los mortales y los semidioses. Su intervención más memorable ocurrió cuando decidió bajar del Firmamento de manera poco ortodoxa, derribando un árbol en el proceso. Fue una entrada poco digna para una deidad, pero reflejaba el carácter impetuoso del dios.

Durante su permanencia en la Tierra, Eitumatupua entabló una relación con Ilaheva, una mujer mortal, de la que nació el semidios Ahoeitu. Este hijo se convertía en prueba viviente de la capacidad de los dioses para atravesar las barreras entre lo celestial y lo terrestre, algo que probablemente impresionó considerablemente a los vecinos de Ilaheva. Ahoeitu heredaba el prestigio de una paternidad divina, otorgándole un estatus elevado desde su nacimiento.

La situación cambió cuando Ahoeitu decidió visitar a su padre en el Cielo. Los celosos hermanastros celestiales del muchacho, enfurecidos por su presencia y por el cariño que su padre le mostraba, atacaron al joven semidios. Lo mataron, lo cocinaron y se lo comieron en lo que fue una venganza alimentaria profundamente brutal. Cuando Eitumatupua descubrió lo sucedido, su furia fue inconmensurable. No se conformó con una reprimenda; obligó a los culpables a vomitar lo que habían ingerido, presentándolos ante las pruebas de su propio crimen. Luego, ejerciendo su poder divino, recompuso milagrosamente a Ahoeitu, devolviéndolo a la vida.

Como compensación por el sufrimiento de su hijo y como castigo a los responsables, Eitumatupua ordenó que Ahoeitu fuera coronado rey de Tonga, mientras que sus criminales hermanastros fueron prohibidos de volver a la Tierra. La intervención de Eitumatupua demostró que ni siquiera en el Cielo reinaba la impunidad total, y que un dios ofendido era fuerza con la que no se podía bromear.

Otra ficha al azar