La diosa de la guerra
También conocida como Bellona.
Belona era la diosa romana original de la guerra, una potencia divina que presidía el combate, el caos de la batalla, la estrategia militar y la victoria en el campo de batalla. Su nombre provenía del verbo latino «bellare», que significaba «hacer la guerra». En las representaciones iconográficas, Belona aparecía completamente armada: portaba casco, coraza, una lanza afilada y frecuentemente una antorcha encendida. Su aspecto era el de una guerrera lista para la batalla, decidida y formidable.
Aunque la guerra era también dominio del dios Marte en la mitología romana, sus funciones eran distintas. Mientras que Marte representaba tanto el aspecto marcial como el más primitivo de la guerra, Belona encarnaba particularmente la ferocidad del combate mismo, la furia de la batalla en su momento de máxima intensidad. Los romanos reconocían que necesitaban divinidades diferentes para distintos aspectos de la guerra: Marte para la preparación y la decisión de ir a la batalla, Belona para la destrucción y la violencia que ocurrían una vez que los ejércitos se enfrentaban. En Grecia, esta misma función era ejercida por Enyo, una diosa igualmente feroz e implacable.
En Roma, Belona disponía de un templo propio dedicado en su honor, el Templum Bellonae, que se convertía en un lugar de importancia política durante ciertos períodos. Cuando el Senado romano debatía asuntos de política externa, especialmente cuestiones relacionadas con declaraciones de guerra o campañas militares, estas deliberaciones frecuentemente se celebraban en el templo de Belona. Esto reflejaba la creencia de que la diosa debía estar presente en estas decisiones cruciales. El 3 de junio era el día de su festividad anual, cuando se celebraban rituales en su honor y se buscaba su favor para las próximas campañas militares.