¿Dios de la costura? Pensamos que no. Él
Consus era el dios romano de los granos almacenados, especialmente del grano que se guardaba después de la cosecha para asegurar la subsistencia durante los meses de escasez. Su nombre provenía del verbo latino «condere», que significaba «guardar» o «almacenar», reflejando su función muy específica en el panteón religioso romano. A diferencia de Ceres, la diosa de la agricultura general y de la cosecha misma, Consus se ocupaba particularmente del momento posterior a la recolección: cómo conservar adecuadamente el grano, cómo protegerlo de los roedores y las plagas, cómo mantenerlo viable hasta que fuera necesario molarlo en harina.
El culto a Consus era antiguamente caracterizado por un rasgo peculiar: sus altares se cubrían con tierra en lugar del ornamento típico. Esta práctica reflejaba probablemente una conexión simbólica con el almacenamiento subterráneo de grano. Los romanos, conscientes de que los granos se guardaban frecuentemente en sótanos y estructuras subterráneas para mantenerlos frescos y protegidos de la luz, creían que esto hacía apropiado honrar a Consus con altares que se ocultaban bajo tierra. El dios, en cierto sentido, moraba en los espacios ocultos donde el grano permanecía seguro durante el invierno.
Consus era venerado particularmente durante dos momentos del año, coincidiendo con dos fiestas llamadas Consualia: una en agosto cuando la cosecha de verano había sido completamente recolectada y almacenada, y otra en diciembre cuando se finalizaban los preparativos para sobrevivir el invierno. Estas festividades combinaban la dimensión religiosa del culto a Consus con celebraciones públicas que incluían competiciones atléticas y carreras de caballos. La importancia del dios residía en la verdad práctica que encarnaba: que la siembra y la cosecha son sólo la mitad de la batalla; lo verdaderamente vital es preservar lo que se ha cultivado hasta que sea necesario usarlo.