Diosa sexy de las flores
Flora era la diosa romana de las flores, de la floración, de la belleza natural de las plantas en su mayor esplendor. Su nombre provenía directamente del latín que significaba flores o floración. A diferencia de otras diosas que presidían sobre aspectos más amplios de la naturaleza, Flora se especializaba en el momento específico y hermoso en que las plantas expresaban su belleza máxima en forma de flores. Era una diosa que celebraba la transitoriedade y la abundancia del color y la fragancia que caracterizaban la primavera.
Flora estaba emparentada románticamente con Favonio, el dios del viento del oeste. Según la mitología, Favonio se había enamorado de Flora mientras ella recogía flores silvestres en los campos de primavera. Su cortejo había sido irresistible, y Flora había aceptado convertirse en su compañera divina. Este matrimonio divino entre el viento y las flores tenía implicaciones prácticas obvias en el mundo natural: era el viento suave del oeste el que ayudaba a llevar el polen de flor a flor, permitiendo la reproducción de las plantas. La relación entre Flora y Favonio encarnaba así una verdad botánica fundamental: que la belleza de las flores estaba inextricablemente ligada a los mecanismos mediante los cuales la naturaleza se perpetuaba a sí misma.
Flora disponía de festivales anuales celebrados en su honor, particularmente la Floralia, que ocurría en primavera. Durante estas festividades, los romanos celebraban la llegada de las flores y la renovación de la vida vegetal que caracterizan esa estación. Los templos y espacios públicos se decoraban con flores, se realizaban procesiones en su honor, y la población celebraba la belleza estética y natural que Flora encarnaba. Para una sociedad eminentemente urbana, las flores de Flora proporcionaban uno de los principales recordatorios del poder beautifier de la naturaleza, incluso dentro de los muros de la ciudad de Roma.