Diosa de los vapores nocivos
También conocida como Mephitis.
Mefitis es una diosa romana poco conocida cuyo culto estaba centrado en la protección contra los vapores nocivos, las exhalaciones tóxicas y los gases de la tierra que podían enfermar o matar a los hombres. Aunque pueda parecer extraño a ojos modernos, los romanos reconocían que existían zonas donde surgían del suelo emanaciones capaces de causar asfixia y muerte, y atribuyeron a Mefitis la responsabilidad tanto de estas manifestaciones como de la protección contra ellas. Su nombre, de probable origen sabino, sugiere una deidad cuyo culto se originó en las regiones montañosas del Lacio y después se extendió entre los pueblos de Italia central.
El culto a Mefitis reflejaba la comprensión romana de que el mundo natural contenía peligros invisibles e inesperados, y que estos peligros debían ser reconocidos, respetados y si era posible, neutralizados mediante ritual y veneración. En lugares donde se sabía que existían emanaciones peligrosas, como cerca de grietas volcánicas o de depósitos de gases naturales, los romanos establecían pequeños santuarios dedicados a Mefitis. El ritual de acercarse a estos lugares peligrosos era considerado una forma de transacción con la diosa: el reconocimiento piadoso de su poder a cambio de la protección de la diosa contra sus efectos más letales.
Mefitis pertenece a esa categoría de deidades romanas que eran veneradas no por amor sino por respeto y temor. No era una diosa a la que se pidiera favores grandiosos, sino a la que se apaciguaba y se honraba para evitar desgracias. Su existencia en el panteón romano demuestra cómo los antiguos intentaban comprender y dar sentido religioso a los fenómenos naturales que no podían explicar racionalmente, y cómo transformaban esos fenómenos en manifestaciones de poder divino que podían ser negociadas y controladas mediante la práctica religiosa.