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Dioses y Diosas

Chibchacum

Dios creador de la muisca

Dios creador de segunda clase que ahora sostiene la Tierra

Chibchacum es el dios creador muisca que existe en la sombra de Bochica, su contraparte menos venerada pero igualmente poderosa. Mientras Bochica establecía leyes morales y enseñaba el bien a la humanidad, Chibchacum se enfrentaba a la tarea de lidiar con los aspectos oscuros de la naturaleza humana: la desobediencia, la terquedad, la incapacidad de los mortales de seguir la senda recta. Chibchacum predicaba disciplina y corrección, pero sus palabras caían en oídos sordos. La humanidad, seducida por las enseñanzas de Bochica sobre la libertad moral, ignoraba las advertencias del dios menor.

Harto de ser ignorado, Chibchacum decidió demostrar su poder mediante castigo. Desató un diluvio monumental, aguas que se levantaron desde las profundidades con intención de anegar todo lo que habían construido. El pueblo muisca, aterrorizado, huyó hacia las montañas buscando refugio en las alturas. Pero Chibchacum no contaba con una intervención: Bochica mismo descendió desde los cielos, ceñido de poder que Chibchacum no podía igualar. Con su bastón de oro, Bochica asestó un golpe contra el monte Teguendama, hizo una hendidura en la roca, y las aguas encontraron un cauce por el cual drenar. Lo que una vez fue un muro infranqueable se convirtió en cascada, el Tequendama que cae visible para todos, testimonio de la victoria de Bochica sobre Chibchacum.

El castigo de Chibchacum fue ejemplar y eterno. Fue obligado a descender al inframundo, a los pilares subterráneos que sostienen la Tierra, condenado a una labor de Atlas colombiano. Ahora carga el peso del mundo sobre sus hombros, sostiene los pilares de madera que impiden que la tierra se derrumbe. En su resentimiento contra Bochica y contra la humanidad que lo ignoró, Chibchacum intenta ocasionalmente sacudir estas columnas de apoyo, creando terremotos que recordarían al mundo su poder y su presencia. Pero ni siquiera estos convulsiones son verdaderamente suyas: permanece atrapado, condenado a sostener aquello que no puede destruir, un dios castigado cuya gloria quedó enterrada en las profundidades.

Otra ficha al azar