Diosa lunar malvada
También conocida como Chía.
Chia es la deidad muisca que encarna el mal, la rebelión contra el orden, la perturbación de la paz establecida. Fue esposa de Bochica, el dios legislador que trajo la ley y la moralidad, pero donde él predicaba conformidad, Chia sembraba caos. Muchas tradiciones la identifican con Huitaca, la diosa del comportamiento desenfrenado y de los placeres prohibidos, como si ambas fuesen manifestaciones del mismo principio: la negación de toda restricción moral.
Durante su matrimonio con Bochica, Chia actuó no como compañera sino como saboteadora. Cada ley que su esposo promulgaba, ella conspiró para subvertirla. Cada paz que él establecía, ella conspiraba para quebrantarla. De particular notoriedad fueron sus actos de causación de inundaciones, diluvios que azotaban las tierras muiscas causando muerte y destrucción. Algunos registros míticos sugieren que estas catástrofes acuáticas fueron realizadas en asociación o alianza con Chibchacum, el otro gran dios creador muisca, aunque los motivos exactos de esta colaboración se pierden en la antigüedad. Algunas fuentes especulan que entre Chia y Chibchacum hubo una amistad o entendimiento mutuo, un pacto tácito de los poderes caóticos contra el orden impuesto por Bochica.
El castigo de Chia por sus crímenes contra la humanidad fue transformativo y eterno. Bochica, incapaz de tolerar más sus sabotajes y su depravación, la metamorfoseó mediante magia divina. Diversos registros ofrecen versiones divergentes de este castigo: algunos dicen que fue transformada en la Luna, condenada a brillar eternamente en la noche como astro distante e impotente. Otros afirman que se convirtió en un búho, ave nocturna que ve en la oscuridad pero está atada a las sombras. Algunos relatos, en un intento de reconciliación, sugieren que acaso fue transformada en ambas cosas, la Luna y el búho, diferentes aspectos de una misma condenación. Lo que queda patente es que Chia, otrora poderosa perturbadora del orden muisca, quedó atrapada en una forma que refleja su naturaleza: ligada a la noche, distante de la humanidad, contemplando desde la altura aquello que ya no puede afectar directamente.