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Dioses y Diosas

Huitaca

Muisca Diosa del Placer

Diosa del Placer y la Borrachera, amoral pero muy popular

También conocida como Huitaca-Chibch, Xubchasgagua.

Huitaca es la diosa muisca del placer, la embriaguez y el comportamiento desenfrenado. Su naturaleza es fundamentalmente lúdica y liberadora: donde ella pasa, las restricciones se disuelven, la solemnidad cede ante la risa, la austeridad se quiebra en celebración. Es deliciosamente femenina, inteligente en su subversión, capaz de traer alegría a cualquier comunidad mediante su presencia. Cuando Huitaca llegaba a un pueblo, la vida se transformaba: se declaraban festividades, la música resonaba, la danza se extendía hasta la madrugada, el vino y la chicha fluían generosamente.

Pero Bochica, el dios legislador cuya moral es rígida y cuya visión del orden es completa conformidad, vio en Huitaca un peligro existencial. Su predicación del placer era, según la perspectiva de Bochica, sedición contra el orden que él había establecido. Las acusaciones que Bochica lanzó contra Huitaca fueron devastadoras en su eficacia: la llamó depravada, inmoral, indigna de veneración divina. El público escuchó, y la reputación de Huitaca se transformó. Lo que había sido su gloria —la capacidad de traer alegría— fue reinterpretado como demonio. Gradualmente, la opinión pública la convirtió en una figura malvada, en una diosa del comportamiento destructivo.

Como castigo por sus supuestos crímenes, Bochica la transformó en búho. Pero esta metamorfosis no fue aniquilación sino persistencia. Huitaca continúa siendo ella misma en forma de lechuza: sale de noche para bailar, sigue celebrando en la oscuridad, persiste en su naturaleza juerguista incluso bajo una piel diferente. Algunos relatos la confunden deliberadamente con Chia, la verdaderamente malvada esposa de Bochica, como si el legislador divino buscara borrar de la memoria que una vez existió una diosa que representaba la alegría. Pero los que recuerdan los nombres antiguos saben que Huitaca y Chia son distintas, que una fue víctima de la propaganda moral mientras la otra fue genuinamente destructiva.

Otra ficha al azar