Diosa de la Luna prestada
También conocida como Lunar.
Luna es la diosa romana de la Luna, personificación del satélite que gobierna la noche y que desde los tiempos más antiguos ha fascinado a los hombres con sus cambios de forma y su luz pálida. Los romanos la concebían como una deidad femenina que recorría el cielo nocturno en un carro de plata tirado por caballos blancos o, según otros relatos, por dragones alados. Su equivalente en la mitología griega era Selene, y aunque los romanos adoptaron muchas características de esa tradición, Luna adquirió una identidad propia dentro del panteón latino, especialmente entre los pueblos que dependían de sus fases para medir el tiempo y organizar el calendario agrícola.
La influencia de Luna sobre la vida terrestre era profunda y variada: su luz permitía el trabajo nocturno y los viajes en la oscuridad, sus fases regulaban los meses lunares que marcaban el calendario romano anterior a la reforma de Julio César, y su brillo afectaba a las mareas y, según creían muchos antiguos, también al estado mental de las personas. No es casual que la palabra «lunático» conserve aún hoy la memoria de esa creencia antigua sobre la relación entre la Luna y la perturbación de la razón.
Aunque Luna era una deidad menor comparada con los grandes olímpicos, gozaba de un culto especial entre aquellos que vivían de la noche: cazadores, pescadores, viajeros y parteras. Estos grupos reconocían en Luna una protectora silenciosa, una guía confiable en la oscuridad. Su presencia constante en el firmamento, cambiante pero predecible, la convertía en un símbolo de estabilidad cíclica, de muerte y renacimiento, de cambio y permanencia simultáneamente.