Dios de la Luna
Iae es el dios de la Luna en la tradición kamaiur del Brasil central, hermano gemelo de Kuat, el dios del Sol. A diferencia de su hermano, cuya presencia es vigila y constante durante el día, Iae reina sobre el mundo nocturno, ofreciendo iluminación diferente, una luz que no quema sino que orienta en la oscuridad. Su morada es la Luna misma, aquel astro que él creó no desde cero sino a partir de un material tan especial que revela mucho sobre su naturaleza: los desechos de Urubutsin, el Rey Buitre, la criatura depredadora que originalmente acaparaba toda la luz.
La creación de la Luna por parte de Iae fue un acto de reutilización transformativa. El Rey Buitre Urubutsin, en su naturaleza glotona, no dejaba pasar nada de lo que tocaba. Sus despojos, sus residuos, lo que descartaba, contenían aún energía luminosa. Iae tomó estos desechos aparentemente inútiles y los moldeó, refinó, transformó en una fuente de luz digna y propia. De lo rechazado surgió un astro perfecto. Esta alquimia revelaba que Iae no era un dios de la fuerza bruta como su hermano Kuat sino de la transmutación, la capacidad de ver valor donde otros ven solo desperdicios.
Iae permanece en la Luna, habitándola completamente, su presencia absoluta en ese reino celestial. Desde allí observa el mundo nocturno, guía a los viajeros que deben moverse en tinieblas, marca los ciclos del tiempo mediante sus fases. Su luz es gentil comparada con la del Sol, pero igualmente necesaria: donde Kuat trae el trabajo y la actividad, Iae trae el descanso y la reflexión. Los kamaiur comprendían que el mundo necesitaba ambos dioses, que la existencia sin noches sería tan desoladora como una existencia sin días. Iae, desde su trono lunar creado de despojos, garantiza el equilibrio.