Dios creador extremadamente paciente
Maori es el dios creador del pueblo Makoni en Zimbabwe, aunque apenas ha dejado rastro en las tradiciones preservadas. Su historia es breve y frustrante, la de una deidad que decidió que la creación no valía el dolor de cabeza que conllevaba.
Maori cumplió su papel inicial de creador del mundo sin mayores incidentes. Pero una vez que la humanidad comenzó a existir, sus problemas comenzaron de verdad. El primer humano, Mwuetsi, resultó ser un quejumbroso incurable. Criticaba todo: las condiciones en que fue creado, el clima, sus compañeros, la comida, la posición de las estrellas. No había satisfacción posible para este mortal eternamente descontento. Cada queja llegaba hasta Maori, quien se veía obligado a intervenir y subsanar supuestos defectos de su creación.
Tras soportar durante un tiempo la letanía interminable de reclamaciones de Mwuetsi, Maori llegó a una conclusión: abandonar. Se dice que cambió su nombre por el de Mwari y se retiró al cielo más lejano posible, estableciendo una política de no intervención que sigue vigente. Ocasionalmente se le reza, pero las peticiones deben atravesar capas de intermediarios divinos para llegar hasta él, y la mayoría nunca se reciben.
En Maori convergen la paciencia infinita del creador y los límites finitos de su tolerancia. Es el dios que aprendió que a veces, el único acto verdaderamente sabio es retirarse y dejar que el mundo se las arregle por sí solo.