El Dios de la Noche, la Muerte y la Confusión
También conocido como Omacatl, Smoking Mirror, Tezcalipoca, Titlacauan.
Tezcatlipoca, el Espejo Humeante, es el dios nocturno azteca, patrón de la noche, la confusión y la guerra caótica. Es el archienemigo de Quetzalcoatl, y su existencia es un conflicto perpetuo: los dos están condenados a golpearse, a destruir las creaciones del otro, a iniciar ciclos de caos que ponen en riesgo el orden del cosmos. En varias eras del mundo, Tezcatlipoca derrotó a Quetzalcoatl; en otras, fue al revés. El universo azteca es una batalla eterna entre el orden que Quetzalcoatl desea y el caos que Tezcatlipoca encarna.
Lo fascinante de Tezcatlipoca es que no es malvado en un sentido simple. Es el señor de la dualidad, del cambio, de la transformación constante. Lleva un espejo de obsidiana que refleja la verdad —aunque una verdad confusa, distorsionada, que no siempre es confortable contemplar. Con este espejo puede desconcierto enemigos, puede tejerlos en sus propios miedos. Es un dios de la deception, sí, pero también de la revelación involuntaria.
Tezcatlipoca es un cambiaformas magistral. Se manifiesta como Mixcoatl, el cazador de serpientes; como el jaguar, animal de poder y sigilo nocturno; como aves misteriosas como Chalchiuhtotolin. Puede adoptar casi cualquier forma según sus necesidades, lo que lo hace prácticamente imposible de predecir. Y es sumamente peligroso cuando se lo complace: una vez sedujo a la hermosa Xochiquetzal, diosa del amor, la alejó de su compañero Centeotl, causando perturbaciones en el orden divino.
Los aztecas temían a Tezcatlipoca más de lo que lo amaban. Era una deidad necesaria, sí, porque un universo sin caos sería un universo muerto. Pero no era confortable tener a Tezcatlipoca viendo desde las sombras, con su espejo humeante reflejando trucos, tramando desgracias, siempre buscando la próxima oportunidad de perturbar el orden. Es un dios que enseña que el universo es mucho más peligroso y más complejo de lo que cualquier mortal podría desear.