El famoso dios azteca de la serpiente emplumada
También conocido como Quetzacoatl, Tlahuizcalpantecuhtli.
Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada, es el dios creador por excelencia de la mitología azteca. Hijo de Ometecuhtli, el dios supremo, fue uno de los cuatro grandes creadores llamados a completar la obra de sus padres. Su nombre combina dos elementos: quetzal —la majestuosa ave de plumas verdes— y coatl —la serpiente—, símbolos de lo celeste y lo terrestre unidos en una sola entidad.
Quetzalcoatl jugó un papel capital en la creación del cosmos y en la formación de los hombres. En el Quinto Ciclo del Mundo, el que habitamos, fue quien se adentró en Mictlán, el inframundo, para recuperar los huesos de las generaciones anteriores de humanidad. Con la ayuda de Xolotl, enfrentó los peligros de ese reino de los muertos y, cuando los obtuvo, regresó y roció su sangre sobre los huesos para darles nueva vida. De ese acto nació la humanidad actual.
Su manifestación como Ehecatl, el dios del viento, revela su capacidad de transformación. Quetzalcoatl no es una deidad única y estática, sino proteica, capaz de adoptar muchas formas según las necesidades del universo. Fue él quien trajo la agricultura, quien estableció el calendario y quien proporcionó a los hombres los conocimientos necesarios para vivir con dignidad. La tradición lo sitúa también como patrono de los orfebres y maestros artesanos.
La figura de Quetzalcoatl eclipsó con el tiempo a su hermano Xolotl en la devoción popular, aunque ambos son fundamentales en la creación. Algunos estudiosos han señalado similitudes entre Quetzalcoatl y Kukulkán de los mayas, sugiriendo que las diferentes culturas de Mesoamérica compartían un arquetipo divino de la serpiente emplumada, adaptándolo a sus propias cosmogonías. Lo que es cierto es que Quetzalcoatl encarna un principio de dualidad creadora: la capacidad de síntesis entre lo contrario, la unión de lo celeste y lo terrestre en una sola fuerza transformadora.