Top Sun Dios de la Agricultura y la Educación
También conocido como God-D, Itzam-Na.
Itzamna es el segundo dios creador más importante de la religión maya, hijo de Hunab Ku, el creador supremo. Su nombre puede interpretarse como « Casa del Lagarto » o « Sapo de la Casa », haciendo referencia a su naturaleza reptiliana característica. A diferencia de Hunab Ku, que permanece lejano en las alturas cósmicas, Itzamna fue el dios que se involucraba activamente en el desarrollo directo de la civilización maya, trayendo conocimientos y habilidades que permitieron a los humanos prosperar.
La contribución más importante de Itzamna a la humanidad fue la introducción de la agricultura y la ganadería. Estos conocimientos no eran simples técnicas prácticas sino regalos divinos que transformaron a los pueblos de cazadores nómadas en poblaciones sedentarias y civilizadas. Pero Itzamna fue más allá de solo agricultura. También inventó elementos culturales absolutamente esenciales: los libros y la escritura. Estos inventos permitieron a los mayas preservar conocimiento, comunicarse a través del tiempo, crear una tradición literaria que conectaba generaciones.
Itzamna es una figura compleja con múltiples manifestaciones. Es fundamentalmente reptiliano, lo que lo conecta con la naturaleza salvaje y los instintos primarios. Sin embargo, también encarna la medicina y la sanación, ganando el título de Dios D en el sistema de clasificación arqueológica. Se le representa típicamente como un ser viejo y andrajoso, con una nariz roja y bulbosa, mostrando la sabiduría que viene con la edad. Su mano derecha está siempre lista para sanar, irradiando energía curativa que es útil para cualquier aflicción. Tiene un aspecto particular llamado Itzam Cab que manifiesta su poder sobre la tierra, y también una forma de serpiente emplumada llamada Kukulcan que fue posteriormente identificada con Quetzalcoatl por los aztecas.
La vida de Itzamna fue marcada por una aventura particular: tuvo un encuentro íntimo con Ixchel, la diosa de la fertilidad, que resultó en el nacimiento de los Bacabs, los cuatro dioses que sostienen los pilares del cielo. Itzamna también tiene un aspecto diario: durante el día se transforma en Kinich Ahau, el dios del sol, permitiéndole influir sobre los ciclos vitales de luz y energía que mantienen el mundo en movimiento.