Que la Fuerza de la Vida te acompañe
Ka era el concepto de « fuerza vital » encarnado como deidad. Más que un dios con voluntad propia, Ka era la esencia de la individualidad, el double espiritual que habitaba en cada persona de rango elevado. Era lo que separaba a los dioses y a los faraones de los mortales comunes: la posesión de un Ka propio y personal, un espíritu guardián único e intransferible.
La creencia en el Ka reflejaba la complejidad del pensamiento religioso egipcio sobre la naturaleza del ser. No bastaba con tener un cuerpo; se necesitaba también esta fuerza vital inmaterial que permitía que el cuerpo funcionara, que la persona tuviera voluntad y propósito. El Ka era lo que permitía que el faraón gobernase, que el dios ejecutase su voluntad cósmica. Para la población común, el Ka era una idea más abstracta, pero los textos de templanza recordaban que aquellos de mayor importancia tenían Ka propios, mientras que el pueblo compartía la fuerza vital general con el resto.
Se representaba Ka como una figura humana con los brazos levantados en gesto de oración o adoración, una postura que evocaba la comunicación con lo divino. En los rituales funerarios, se invocaba al Ka del difunto, pidiéndole que reposara en paz pero que también protegiese a los vivos de su familia. Ofrecer comida a los Ka de los muertos era una práctica común; el alimento se ofrecía ritualmente al espíritu inmortal aunque el cuerpo ya no lo necesitara. El Ka era, en definitiva, la garantía de que la muerte no extinguía completamente la existencia.