Diosa de la nieve
También conocida como Khione.
Quíone, diosa de la nieve, era hija de Boreas, el dios del viento del norte, y de su esposa Oreithyia. Heredó de su padre el control sobre el frío penetrante y los vientos helados, manifestando su naturaleza divina mediante el blanco manto que esparcía sobre la tierra cada invierno.
Desde su trono en el cielo, Quíone derramaba nieve sobre el mundo, copos minúsculos que caían como una bendición o una maldición según el antojo de la diosa. En los inviernos severos, su mano era implacable; en los tibios, apenas se recordaba su influencia. Era la personificación del silencio blanco, del mundo transformado por el hielo.
Pero Quíone no era solo una deidad climática. Se hizo famosa por su rol en una historia de pasión divina cuando tanto Apolo como Hermes sintieron deseo por ella. Ambos dioses lograron seducirla con engaños divinos, y de Apolo nació Filamón, un músico de talento extraordinario. Hermes, por su parte, la dejó embarazada de Autólico, quien heredaría las habilidades de su padre en el robo y el engaño.
Así Quíone se convirtió en madre de dos hijos de dioses distintos, ejemplo tanto de la belleza como de la vulnerabilidad de los seres divinos menores. Su nombre perduró asociado no solo a la nieve, sino a la complejidad de la vida mitológica donde incluso el hielo podía ser apasionado.