Madre de Artemisa y Apolo
Leto era una diosa titánica, hija de los Titanes Coeo y Febe, y una de las pocas deidades de esa generación que conservó prominencia y veneración incluso después del ascenso de los dioses olímpicos. Su importancia radicaba principalmente en ser la madre de dos de las divinidades más importantes del panteón olímpico: Artemisa y Apolo, gemelos divinos que nacieron de su unión con Zeus.
El embarazo de Leto fue extraordinariamente difícil debido a la venganza de Hera, quien perseguía a cualquier amante de Zeus o hijo ilegítimo del dios supremo. Hera lanzó una maldición terrible: no permitiría que Leto diera a luz en tierra firme, obligándola a vagar por el mundo en búsqueda de un lugar seguro. Después de largos sufrimientos y peregrinaciones, Leto encontró refugio en la isla de Delos, que se había mantenido oculta bajo las aguas por intervención divina. En esta isla sagrada finalmente logró dar a luz a sus gemelos.
Su nombre, según algunas interpretaciones, podría estar relacionado con conceptos de « oscuridad » o « lo oculto », una conexión que reflejaba sus largas peregrinaciones en sombra y su evitación de la persecución de Hera. Fue conocida también como « La Oculta » en ciertos textos antiguos, resaltando cómo permaneció mayormente en la sombra comparada con sus hijos, cuyo poder superó ampliamente al suyo.
Aunque no era entre las divinidades más veneradas, Leto recibía respeto considerable como madre de Apolo y Artemisa. Su culto fue especialmente importante en Delos y en otras islas del Egeo. Los griegos reconocían su sacrificio y sufrimiento durante el embarazo y el parto, considerándola un símbolo de la maternidad ardua. Su figura encarnaba la idea de que incluso los dioses debían sufrir adversidades, y que la maternidad divina conllevaba sus propios peligros y dolores.