Diosa del aire
Ninlil es la diosa mesopotámica del aire y de los fenómenos asociados con el movimiento del viento y la circulación de gases atmósféricos. Aunque el aire es esencial para la vida, raramente recibe la atención que otras deidades consiguen. Sin embargo, Ninlil encarna el reconocimiento mesopotámico de que incluso lo invisible y lo intangible merece deificación.
Su historia más prominente involucra un encuentro traumático con Enlil, el dios de la tormenta. Fue violada por Enlil, un evento que la dejó embarazada de Nanna, el dios lunar. El acto sexual forzado fue un medio de dominio divino, una imposición de voluntad que Ninlil se vio obligada a aceptar sin capacidad real de resistencia.
Sin embargo, la historia se complica cuando Enlil, inesperadamente, la sigue cuando es desterrada al Inframundo para cumplir su condena por la violación. Habiendo deshonorado a Ninlil, quedó ligado a ella por la paternidad. No querría que su hijo Nanna fuese criado en condiciones de abandono o pobreza del Inframundo. Así, Enlil la acompaña incluso a la perdición, una acción que podría interpretarse como arrepentimiento tardío.
Ninlil representa un aspecto incómodo pero importante de la mitología antigua: el reconocimiento de que la violencia sexual ocurría incluso en el nivel divino. Sin embargo, el mito también sugiere que las víctimas no estaban completamente desvalidas: Ninlil efectivamente forzó a su violador a asumir responsabilidad en la crianza de su hijo. El poder surgió de una fuente inesperada: la maternidad.