Diosa de la pobreza
Egestes era una deidad romana menor que personificaba la pobreza y la necesidad material. Su nombre provenía del latín «egestas», que significaba precisamente la falta de recursos, la escasez y la destitución. A diferencia de diosas que personificaban abundancia, riqueza y fortuna, Egestes encarnaba el extremo opuesto del espectro económico: la experiencia de carecer de lo necesario, de sufrir hambre, de no tener abrigo ni seguridad material.
Egestes es mencionada poco frecuentemente en las fuentes clásicas que han llegado hasta nosotros, lo que refleja probablemente el hecho de que los romanos de clase alta que escribían y registraban la mitología no deseaban enfocarse demasiado en la pobreza como concepto religioso. Sin embargo, Virgilio hace referencia a Egestes en su descripción del inframundo en la Eneida, sugiriendo que podía ser considerada como un demonio o una fuerza del mundo subterráneo. Esto refleja la percepción romana de que la pobreza era de alguna manera antinormal, una inversión del orden adecuado, incluso una amenaza demoníaca para la estructura social.
Aunque Egestes no disponía de templos públicos dedicados en su honor ni de festividades especiales, su presencia en el panteón romano era reconocida implícitamente. Los ciudadanos más pobres, aunque fueran poco propensos a ser registrados en la historia que escribieron los ricos, sin embargo invocaban a Egestes en contextos donde la realidad de la pobreza se hacía inevitable. En contraste con diosas como Abundancia o Fortuna, que recibían ofrendas esperanzadas, Egestes era una deidad que se reconocía con la amargura de la necesidad. Su presencia religiosa recordaba que, incluso en el contexto de un imperio próspero, la pobreza era una realidad constante para muchos.