Diosa romana del azar y la buena suerte
Fortuna era la diosa romana del azar, la suerte, la fortuna y el cambio. Su nombre provenía directamente del latín que significaba suerte, fortuna y destino. A diferencia de Felicitas, que personificaba una buena fortuna más estable y confiable, Fortuna encarnaba el azar puro: la potencia impredecible que podía elevar a un hombre a la riqueza o hundirlo en la ruina sin causa aparente que no fuera el capricho divino mismo.
Fortuna era frecuentemente representada portando una venda sobre los ojos, símbolo de su ceguera, de su incapacidad o falta de voluntad de discernir entre quién merecía buena suerte y quién no. Su atributo más característico era la Rueda de la Fortuna, un símbolo que representaba la naturaleza cíclica y caprichosa de su dominio: lo que estaba arriba podía caer abajo, y lo que estaba abajo podía ser elevado, todo dependiendo del giro de la rueda. Los romanos creían que Fortuna hacía girar esta rueda constantemente, redistribuyendo el destino de manera aparentemente aleatoria.
Fortuna era una deidad ampliamente popular, especialmente entre aquellos cuyas fortunas eran inciertas: mercaderes, jugadores, soldados en vísperas de batalla. Su templo en Roma era un lugar de peregrinaje, donde los devotos ofrecían oraciones y sacrificios buscando inclinar el favor de la diosa hacia sí mismos. Aunque racional e pragmática en muchos aspectos, la mentalidad romana reconocía que hay aspectos de la existencia que escapan completamente al control humano, que el azar es una fuerza tan real como cualquier otra. Fortuna era la personificación de esa verdad: que la vida no siempre es justa, que la suerte importa, y que a veces lo único que se puede hacer es rezar que la rueda gire a favor de uno.