Una alegre y bien alimentada Diosa de la Buena Suerte
Felicitas era la diosa romana de la buena suerte, la ventura favorable y la prosperidad general. Su nombre provenía directamente del latín «felicitas», que significaba dicha, felicidad y buen destino. A diferencia de Fortuna, que personificaba el azar puro e impredecible, Felicitas encarnaba una forma más estable y confiable de buena fortuna: la prosperidad que viene del favor divino constante, no del capricho aleatorio de la rueda giratoria.
Felicitas era frecuentemente representada como una figura femenina regordeta y bien alimentada, cargando un cuerno de la abundancia (cornucopia) rebosante de frutas, flores, granos y otras riquezas. Esta representación visual transmitía un mensaje claro: Felicitas no era una diosa delgada o hambrienta, sino una de plenitud, de satisfacción, de necesidades cumplidas. Su aspecto saludable y bien nutrido sugería que quienes ganaban el favor de Felicitas encontrarían la vida física cómoda y segura.
El culto a Felicitas era particularmente importante en contextos políticos y militares romanos. Los generales invocaban a Felicitas antes de las batallas, pidiendo que bendijera sus empresas militares. Los líderes políticos la veneraban como símbolo de un gobierno próspero. El emperador Augusto dedicó un altar a Felicitas, reconociendo que la estabilidad y la prosperidad de su reinado dependían de la continuación del favor de la diosa. Felicitas fue retratada en monedas imperiales, llevando sus atributos de prosperidad y abundancia, recordando a todos los ciudadanos que el orden romano era una fuente de buena fortuna confiable y constante, no meramente dependiente de la suerte aleatoria.