Diosa del hambre y la inanición
Fames era la diosa romana del hambre y la inanición, una personificación de una de las fuerzas más destructivas y primitivas que podía afectar a la humanidad. A diferencia de muchas otras deidades que personificaban virtudes, poderes o fenómenos naturales específicos, Fames encarnaba un castigo, una aflicción, una potencia destructiva. Su nombre provenía directamente del latín «fames», que significaba hambre. Ella era la realización más aterradora de una carencia fundamental: la ausencia de alimento, la incapacidad de satisfacer el hambre.
Según la mitología romana, especialmente en las descripciones de Virgilio en la Eneida, Fames vivía bajo tierra en el Tártaro, la región más profunda del inframundo. Allí residía junto a Egestes, la personificación de la pobreza, en un lugar de oscuridad y desolación. Fames era descrita como eternamente hambrienta ella misma, eternamente débil y vacía, un ser consumido por la misma aflicción que distribuía a otros. Su naturaleza era paradójica: era incapaz de alimentarse de alimento espiritual o físico, condenada a perseguir eternamente una satisfacción que nunca llegaría.
El culto a Fames, si es que podía llamarse así, era completamente distinto al de diosas más favorables como Abundancia o Ceres. No se la invocaba buscando su favor, sino más bien se rezaba a diosas protectoras pidiendo que la mantuvieran alejada. Fames era la amenaza constante que acechaba en los tiempos de mala cosecha, de guerra, de desastre. Durante las hambrunas, la población creía que Fames estaba activa, que había escapado de su prisión subterránea y caminaba entre los mortales distribuyendo su maldición. La presencia de Fames en el panteón romano recordaba que no todos los poderes divinos eran benignos; algunos eran simplemente fuerzas destructivas que había que defenderse.