Dioses guardianes de la seguridad
Los Lares eran dioses romanos menores que funcionaban como protectores de espacios específicos: de campos, de ciudades, y más íntimamente, de hogares individuales. Su nombre podría tener raíces etruscas y originalmente se refería a deidades protectoras de los territorios delimitados. Los Lares eran fundamentales en la religión doméstica romana, siendo quizá las divinidades más inmediatamente relevantes en la vida cotidiana de la mayoría de los ciudadanos romanos.
Originalmente, los Lares fueron concebidos como defensores de territorios rurales etruscos, protectores de los campos cultivados que debían ser defendidos contra invasores y depredadores. Conforme la cultura romana se expandió y evolucionó, los Lares fueron adoptados, pero se reinterpretaron y expandieron sus funciones. Fueron promovidos de defensores campestres a protectores públicos, puestos a cargo de la seguridad de la patria romana misma. Eventualmente, su culto fue domesticado completamente: se convirtieron en deidades de interior, protectores del espacio privado del hogar.
Cada hogar romano poseía un pequeño santuario doméstico llamado lararium, donde dos o tres figuras de Lares estaban colocadas, frecuentemente cerca de la entrada o en una alcoba especial. Estos Lares domésticos recibían ofrendas regulares de comida, flores y vino. Los romanos creían que sus Lares personales velaban por la prosperidad, la salud y la seguridad de la familia. Los Lares funcionaban como intermediarios entre la familia y el mundo divino, asegurando que los dioses recordaran el hogar específico y sus habitantes. Sin los Lares, una casa romana habría sido considerada desprotegida y vulnerable a fuerzas malévolas.