Diosa de la menstruación
Mena es una deidad romana de la que muy poco se ha conservado en la tradición literaria antigua, pero cuya existencia revela aspectos fascinantes sobre cómo los romanos concebían la realidad sagrada de los ciclos biológicos femeninos. Mena era la diosa que presidía sobre la menstruación, ese fenómeno cíclico central en la vida de las mujeres romanas que era simultáneamente comprendido como un misterio religioso, una necesidad fisiológica y un evento de significación cosmológica. Su culto, aunque no era tan prominente como el de otras diosas, existía y reflejaba una comprensión romana de que los ciclos naturales del cuerpo femenino merecían reconocimiento divino.
La veneración de Mena también se conectaba con la creencia romana más amplia en la correspondencia entre el ciclo menstrual femenino y los ciclos lunares. La Luna, regida por la diosa Luna, estaba vinculada en la imaginación romana con los ritmos del cuerpo femenino. Así, Mena y Luna formaban parte de un sistema religioso integrado en el que los misterios del cuerpo femenino no eran considerados como asuntos mundanos y profanos, sino como manifestaciones del orden divino del cosmos.
Lo que es verdaderamente notable acerca de Mena es que su existencia en el panteón romano demuestra una actitud hacia la corporalidad femenina que era fundamentalmente diferente de muchas otras culturas contemporáneas. Más que avergonzarse o ocultar estos aspectos de la experiencia femenina, los romanos los incorporaban en su sistema religioso oficial. No sabemos exactamente cómo era venerada Mena o qué rituales se realizaban en su honor, pero su presencia en los registros antiguos es un testimonio de que los romanos creían que los ciclos del cuerpo femenino merecían el reconocimiento del mundo divino.