Diosa fatídica de la muerte
También conocida como Mortia, Parca Maurtia.
Morta es una de las tres Parcas romanas, aquellas diosas tejedoras que gobernaban el destino de los mortales desde el nacimiento hasta la muerte. Mientras que sus hermanas Nona preparaba el hilo del destino al nacer el individuo y Decima lo tejía durante la vida, Morta tenía la función de cortar ese hilo una vez que la vida llegaba a su fin. Su nombre, que literalmente significa « muerte » en latín, no deja lugar a ambigüedades sobre su función. A diferencia de otras deidades de la muerte como Mors, que personificaba el acto de morir de forma abstracta, Morta era la ejecutora directa, la que sostenía las tijeras del destino.
En la mitología romana, Morta era la contraparte directa de Átropo, la Parca griega que realizaba la misma función letal. Los romanos, como era su costumbre, adoptaron la estructura del sistema de destino griego de las Moiras pero lo adaptaron a su propia tradición religiosa. Morta representaba lo inevitable: no había negociación posible con ella, no había apelación ni perdón. Su corte era definitivo y absoluto. Los romanos creían que, en el momento exacto de tu muerte, Morta estaría presente, cortando el hilo que te ataba a la vida.
Lo que distingue a Morta de simplemente ser una figura de terror es que en la teología romana formaba parte de un sistema: nacimiento, vida y muerte no eran eventos caóticos sino partes de un orden divino tejido por las Parcas. Aunque su acción era temida, también era respetada como parte del orden cósmico. Los romanos no buscaban huir de Morta sino comprender su lugar en el gran tapiz del destino que las tres diosas tejían juntas. En cierto sentido, Morta recordaba a los vivos que la vida tenía valor precisamente porque era limitada.