Una deidad que se complace en crear cosas
También conocido como Atum-Ra, Atum-Re, Tem, Temu, Tum.
Atum es el dios creador primordial de la cosmología egipcia, aquel del que todo emanó. Según las mitologías más antiguas, antes de Atum no había nada más que Nun, el océano infinito del caos. De esas aguas primigenias emergió una colina, y sobre ella se manifestó Atum. No fue creado por nadie: se creó a sí mismo mediante un acto de voluntad suprema. Algunos textos utilizan lenguaje que sugiere autofecundación, una creación solitaria y absoluta que establece a Atum como la causa primera de todo cuanto existe.
Una vez que Atum existió, su trabajo creativo fue imparable. Se dice que estornudó, escupió, y de estas acciones primarias surgieron los primeros dioses: Shu, el aire, y Tefnut, la humedad. Estos dioses gemelos a su vez generaron a Geb, la tierra, y a Nut, el cielo. Así, mediante Atum, se desplegó toda la estructura del cosmos. Es por ello que se le venera como « la mano de Atum », una frase que alude a ese poder creativo absoluto. Más tarde, Atum se amalgamó con Ra, el dios solar, creando la figura de Atum-Ra, aunque nunca perdió del todo su identidad primigenia.
Atum está particularmente asociado con el sol en su aspecto decadente, el atardecer, cuando Ra desciende por el cielo occidental hacia el Inframundo para atravesarlo durante la noche. Mientras que otros dioses solares gobiernan el mediodía o el amanecer, Atum representa ese momento de transición, de cansancio divino, de regreso. Y cada mañana, cuando Ra sale nuevamente, se dice que Atum ha renacido como Khepri, el escarabajo renovador, cerrando así el ciclo de muerte y resurrección que Atum estableció desde el primer día.
Su veneración fue profunda durante toda la historia de Egipto. A Atum se le representaba como un hombre maduro, frecuentemente con la corona doble del Alto y Bajo Egipto, símbolo de su soberanía universal. Era adorado en Heliópolis, uno de los principales centros religiosos, donde los sacerdotes mantenían su culto y transmitían historias de cómo este dios solitario y supremo había modelado la existencia con su puro acto de ser.