Dios del Viento del Norte de aspecto despeinado
También conocido como Aquilo, Septentrio.
Aquilón era el dios romano del viento del norte, una deidad que personificaba la fuerza bruta y a menudo destructiva de aquellos vientos que soplaban desde las regiones heladas. Su nombre provenía del latín «aquilo», que literalmente significaba el viento del norte, aunque con el tiempo se convirtió en una entidad divina con personalidad propia. En las representaciones artísticas, Aquilón aparecía generalmente como una figura con cabello y barba despeinados, los ropajes agitados por el viento, frecuentemente alado, sugiriendo tanto su naturaleza aérea como su volatilidad inherente.
Como dios de los vientos, Aquilón era una potencia natural impredecible. A diferencia de Africus o Favonio, que traían aires más moderados, Aquilón llegaba con furia, capaz de volcar barcos, arrancar árboles y causar daño considerable. Los navegantes le temían especialmente: un viento norte inesperado podía deshacer meses de preparativos para una expedición, o más gravemente, hundir una nave. Los agricultores también lo invocaban, pero frecuentemente para pedir que los spara u otro daño destructor se dirigiera contra los campos enemigos en tiempos de guerra. Aquilón era una fuerza que podía bendecir o maldecir dependiendo de las circunstancias.
Los romanos heredaron el concepto de Aquilón del mundo griego, donde el viento del norte era conocido como Boreas, una deidad igualmente tempestuosa en su mitología. A menudo se decía que Aquilón era hijo de Eolo, el dios griego de los vientos, y de Aurora, la diosa del amanecer, lo que le daba una genealogía que combinaba el caos primordial con los ciclos naturales del cosmos. Como tantas otras figuras menores del panteón romano, Aquilón no tenía templos dedicados ni festividades públicas de envergadura, pero su presencia se sentía cada invierno cuando sus ráfagas gélidas azotaban el Mediterráneo y los territorios romanos.