Ex gobernante de todos los dioses
Anu, en la mitología hurrita adoptada por los hititas, es un dios gobernante que se apoderó del trono después de deposer a su propio padre Alalu. Su acción fue dramática e irrevocable: no solo derrribó al monarca anterior, sino que lo castró como parte de la humillación de la destitución. Tal atrocidad era una forma de castigo divino entre estos pueblos: una violencia tan extrema que garantizaba que la víctima jamás pudiese recuperarse completamente.
Sin embargo, la violencia que Anu infligió a su padre fue devuelta sobre él cuando su propio hijo, Kumarbi, lo depuso de la misma manera. La castración de Anu por su hijo fue una repetición exacta de su propio acto contra Alalu, sugiriendo que existe un ciclo de violencia divina que perpetúa generación tras generación. Los hijos deprenden la violencia de sus padres y la replican contra ellos mismos.
Este patrón cíclico de deposición violenta contrasta fuertemente con otras mitologías donde el poder divino se transmite de forma más ordenada. Entre los hititas y hurritas, el acceso al poder celestial requería violencia genital específica, un método de transferencia de autoridad que era tanto humillante como efectivo. Ningún dios podía mantener pretensiones de poder después de tal indignidad.
Anu gobernó como un rey del cielo legitimado por la fuerza, pero su reinado fue siempre precario porque el precendente había sido establecido: los hijos podrían deponerlo exactamente como él había depuesto a su padre. El ciclo de violencia era inevitable, determinado por la propia lógica de la dinastía que Alalu había iniciado.