Diosa del Sol de Papúa
Ni es la Diosa del Sol en la tradición de los Huli de Papúa, hermana de Hana, el dios lunar. Ambos comparten la custodia de los cielos: mientras que Hana rige las noches, Ni domina el esplendor del día y la luz eterna que ilumina al mundo. En la mitología melanesia, esta división de poderes entre hermanos es reflejo de cómo la naturaleza se equilibra a sí misma, con cada deidad gobernando su propio dominio celestial.
La historia que explica cómo Ni llegó a ser diosa solar es oscura y refleja la complejidad de las relaciones divinas. Cuando ambos eran jóvenes, Ni pasaba su tiempo danzando alegremente alrededor de un árbol, utilizando una pértiga como parte de su ritual. Hana, su hermano, albergaba sentimientos oscuros hacia ella. En un acto de traición, escondió una piedra afilada en la corteza del árbol donde ella solía bailar. Cuando Ni continuó con su danza habitual, la piedra la hirió gravemente en un lugar íntimo, con consecuencias que transformarían su naturaleza para siempre.
Tras aquel acto de violencia hermana, Ni fue elevada al cielo y se convirtió en el Sol, quizás como recompensa por su sufrimiento, quizás como nuevo destino. Ahora recorre eternamente el firmamento diurno, radiante e inescapable, mientras que Hana permanece confinado a las noches. No hay historias que relaten conexión alguna de Ni con los arbustos o la vida terrestre: ella existe en el reino puro de la luz, distante y divina.