El Dios indestructible de la bondad y la paz
También conocido como Baldr, Baldur.
Balder era el favorito de los dioses, el hijo de Odín y Frigg que encarnaba todo lo bueno de la existencia divina: bondad sin límites, inocencia radiante, belleza deslumbrante. Era tan amado que hasta sus enemigos naturales lo respetaban. Frigg, su madre, fue más allá: hizo que todas las cosas vivas le juraran no hacerle daño, un voto que transformaba a Balder en prácticamente invulnerable.
Esta invulnerabilidad se convirtió en la base de un juego favorito en los banquetes de Asgard. Los dioses lanzaban armas afiladas al dios radiante simplemente para verlas rebotar inofensivamente. Era un entretenimiento que demostraba la supremacía de Balder, su imposibilidad de ser herido. Nadie pensaba que existiera peligro alguno. Pero Loki, el embaucador, descubrió una grieta en el hechizo protector de Frigg: en su precipitación, ella no había incluido al muérdago, demasiado joven e insignificante para merecer una promesa formal. Con esa información, Loki creó un dardo afilado de muérdago y lo entregó a Hoder, un dios ciego, guiando su mano. El dardo encontró su blanco. Balder cayó muerto.
La tragedia fue absoluta. Los dioses intentaron un último recurso: si todo en la existencia lloraba por Balder, podría regresar de entre los muertos. Pero una vieja bruja se rehusó, rompiéndose el hechizo de resurrección. La bruja era Loki disfrazado. La muerte de Balder marcó el principio del fin del orden divino, el primer paso hacia el Ragnarok.