Mensajero de los dioses de pies ágiles
También conocido como Hermóðr, Hermoth.
Hermod es el mensajero de los dioses en la mitología nórdica, un dios cuya principal característica es su velocidad y su determinación. Es hermano de Balder, el bello dios nórdico cuya muerte accidental precipitó una de las tragedias más importantes del panteón. Es la relación con Balder lo que define mejor el papel de Hermod en los mitos.
Después de que Balder fuera asesinado accidentalmente por Loki, quien engañó al ciego Hoder para que lanzara una rama de muérdago contra el invulnerable dios de la bondad, el dolor se propagó por todo Asgard. Frigg, la madre de Balder, imploraba a cualquiera que pudiera hacer algo para salvar a su hijo de la muerte. Hermod, movido por el dolor de su familia, se ofreció voluntario para una misión suicida: atravesaría el reino de los vivos, bajaría hasta Helheim, y suplicaría a Hel, la diosa del inframundo, que liberara a su hermano.
Hermod montó a Sleipnir, el caballo de ocho patas de Odín, el corcel más rápido que existe. Incluso así, el viaje era peligroso, el territorio hostil, la posibilidad de éxito casi nula. Sin embargo, Hermod fue. Llegó a Helheim, a la presencia de Hel, y rogó. La diosa, no completamente insensible, ofreció una condición: Balder seria liberado si todo el universo lloraba por él. Una condición que parecía razonable, incluso alcanzable.
Pero entonces ocurrió el desastre final. En medio de la campaña para que todos lloraran por Balder, una giganta se negó a hacerlo. Una única voz negativa, un único gesto de rechazo, y toda la empresa se derrumbó. Balder permaneció muerto, Hermod regresó con el fracaso grabado en su alma, y Asgard fue forzado a aceptar que incluso la determinación y la velocidad divinas tienen límites.
Como recompensa por su intento heroico, Hermod fue hecho el propietario y administrador del Valhalla, el salón de los guerreros muertos. Se convirtió en el anfitrión de los héroes, el guardián de aquellos que sí fueron elegidos para la vida eterna, incluso mientras su propio hermano permanecía condenado a Helheim. Es una victoria agridulce, un honor que nunca borraría el dolor de su fracaso inicial.