Diosa del amor, la fertilidad y el deseo sexual
También conocida como Freyja.
Freya es la gran diosa nórdica del amor, la fertilidad y el deseo, una figura de poder tanto en el campo de batalla como en los asuntos del corazón. Es hija de Njord, dios del mar, y hermana gemela de Freyr, con quien comparte muchos atributos de prosperidad y abundancia. Su presencia en la mitología es compleja: es al mismo tiempo una guerrera valiente y una diosa de la voluptuosidad, una reina de salvaje libertad que rechaza restricciones tanto emocionales como políticas.
Freya se casó con un dios llamado Od, pero su unión no duró. Od abandonó a Freya, quien respondió a su partida con una manifestación de dolor que solo una diosa podía permitirse: lloró lágrimas de oro que cayeron por la tierra. Lejos de ser debilitada por el abandono, Freya canalizo su dolor en una libertad sexual sin restricciones. Tomó múltiples amantes entre dioses, mortales, gigantes y enanos, ganándose fama de ser generosa en sus favores. La historia más escandalosa cuenta cómo obtuvo el collar de Brisingamen, una joya de ámbar dorado que encarnaba el deseo mismo, tras acostarse con cuatro enanos que lo habían forjado. Aunque Loki la robó por malicia, Heimdall, el guardián divino, lo recuperó.
Como valquiria, Freya compite con Odín por el derecho a elegir a los guerreros muertos en batalla. Mientras que Odín recibe la mayoría de los caídos en Valhalla, Freya reclama para sí a los héroes más bellos, llevándolos a su salón donde descansan y se recuperan. Este aspecto de Freya revela su dualidad: es tanto la diosa del amor carnal como la guardiana de los héroes, es fuerza y belleza, guerra y seducción. A pesar de su reputación de libertinaje, Freya ama también la música romántica y los ramos de flores. Sus hijas, Hnoss y Gersemi, heredaron su hermosura incomparable.
Freya encarna la libertad total del deseo, la idea de que la divinidad femenina no necesita restricción ni legitimidad del matrimonio, que puede ser amante, guerrera y reina simultáneamente. Es quizá la más genuinamente libre de todas las deidades nórdicas.